Mi pequeña, mi mundo
Llegaste como un arcoíris que vence cualquier tormenta. Todavía recuerdo tus grandes ojos oscuros, mirándome, mientras el doctor te recibía y te tenía entre sus manos.
Recuerdo como comenzaste a acercarte a mis manos, a mi pecho, buscando refugio y generando ese calorcito que es tan tuyo.
Mi hermosa Isabella, tan pequeñita, tan curiosa, tan llena de vida. Eres la luz de mis ojos, el gran amor de mi vida; mi promesa, mi oración contestada, mi regalo del cielo del cielo.
A la mañana siguiente, ya me partían en dos el corazón al saber que tenías que ir nuevamente al hospital, quien diría que una pequeña incompatibilidad de sangre de tus papis te traería tantos problemas, pero allí estuvimos, contigo, juntos, cada día.
El mirar como te reías a carcajadas, aunque nadie lo creyera, lo inquieta de tus manos, de tus pies, nos llenaba de alegría y esperamos con paciencia el día preciso para llevarte a casa.
No es una foto perfecta, pero quizá la que más amo, vernos juntos en familia, sosteniéndote en mis brazos, llevándote a casa, feliz, y sabiendo que jamás te soltaría.
Mi pequeño ángel, mi pequeño arcoíris, piensa siempre que a partir de ese momento, llenas nuestras vidas de aventuras, alegrías y magia.
TE AMAMOS TANTO PEQUEÑA. MI REGALO DEL CIELO, PEDACITO DE MI ALMA
